Los dos aparecieron en la franfurtería despidiendo peste a pringue, al igual que nuestros bocatas. Dos uniformados con una misión entre las bocas hambrientas y ociosas que atiborraban la barra y las mesas. Existen algunos tipos, algunos de ellos con uniforme, alzacuellos, bata blanca o una manguera, a los que el sentido del humor les abandonó al nacer. A los peores se les coloca un arma en el cinturón. Esa era la señal que advierte de que el muchacho no va a entender el chiste si no lo cuenta él mismo. Lección de supervivencia .
Un par de morenos de la barra se apresuraron con su bocado al ver el brillo de la chapa. El turno para tratar con la pitufada era una lotería en la que los boletos caían del cielo como si nada.
La ley se movía sin demasiada prisa. Que si una mirada por aquí, que si una por mueca allá, que si me rasco los cojones, que si me sujeto la hebilla del cinturón y ahora paseo la palma de la mano por la culata del revolver. Dos polis salidos del “método” capaces de dar lecciones de sobre actuación al mismísimo Pacino.
Al dirigirse a nosotros, mi chica sacó una cartera roja con los documentos del bolso. Ahora el aceite vegetal del pepito saltaba de entre sus dedos para escurrirse sobre los tampones y los clenex. En la cartera estaba el dni y estaba la tarjeta del tren, y la Visa, y la tarjeta del videoclub, la de la seguridad social, un número de lotería sin premio, y algunas fotos, tabaco, mecheros, lápiz de labios, bueno no, estas últimas cosas ocupaban el bolso claro, pero todo comenzaba a mezclarse peligrosamente, quiero decir, que no me hubiera extrañado ver salir de allí un conejo sin aliento o algún cateto alemán perdido con un mapa y una cámara de fotos.
Los polis se impacientaban, la birra se calentaba y yo también, ambas cosas.
_ Quieres darles el maldito dni. Por el amor de Dios, qué será lo próximo en salir de ahí dentro.
_ ¡Ya esta cariño! No te pongas nervioso.
_ Cálmese señor – dijo uno de los polis, un tipo alto y con el pelo al cero. Un matón hormonado con cara de niño. Tan solo se trata de una comprobación de rutina, añadió.
_ ¿Y qué demonios queréis comprobar muchachos? Esto lo gritó el cocinero desde el hueco donde creaba aquellos bocatas.
_ ¡Vuelva dentro señor! – esto lo dijo el poli acompañante. Su foto estaba en el diccionario al lado de la palabra mamón. Me sonaba si, todos tarde o temprano figurábamos allí. Mamón.

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