lunes 21 de febrero de 2011

LA MÁQUINA DEL TIEMPO DE RAOÜL DOC


LA MÁQUINA DEL TIEMPO DE RAOÜL DOC
Capítulo primero
Caroline


Ring ring.
El teléfono sonó en mitad de la noche como si a algún petardo se le hubiese ocurrido blandir las campanas del juicio final con un bate metálico. Abrí los ojos y vi la nieve cabalgar sobre el alféizar de la ventana. Finalmente me di la vuelta y agarré el maldito auricular. Eché un vistazo dentro pensando en las malas noticias. Si alguien la había palmado me traía sin cuidado, y verme de nuevo en la cola del paro engatusando a un pelele no era un problema. Los pinchazos en el estómago seguían ahí. Teresa a mi lado, ronroneaba como una gata asmática. Eran las tres y pico de una noche fría por dentro y por fuera.
_ Louis despierta. ¿Estas despierto?
_ Raoül, ¿en qué diablos piensas para llamarme a estas horas?-contesté.
Al otro lado de la línea podía sentir como se desmoronaba el apartamento de Raoül. Andaba de un lugar a otro tropezando con todo lo que estaba en el suelo.
_ ¿He despertado a Teresa?-preguntó.
_ Ni siquiera voy a pensar el por qué de una pregunta como esa. La zorra sigue en coma, así que soy yo el único que anda maldiciéndote. De momento.
_ Jesús que alivio. Es importante que siga durmiendo, por ahora…
_ ¿De qué cojones estas hablando?
Raoül pareció tropezar con algo que debía ser demasiado grande o estar demasiado fuera de lugar. Escuché un chillido. Después pareció lanzarse a la carrera, y enseguida pude notar un estallido al otro lado de la línea.
_ ¡Por los pelos!-exclamó.
_ ¿Se puede saber qué demonios esta pasando ahí?
_ No eran demonios, solo una especie de tipo de las cavernas.
Había tenido suficiente.
_ Esta bien. En primer lugar deja de jugar con la caja de los fusibles. En segundo lugar ponle el tapón a la botella, y por último vuélvete al catre y aléjate del teléfono.
Colgué y me enrollé en un trozo de sábana que Teresa había dejado olvidado en la esquina más fría de la cama. Me asomé por encima de su cabeza y la vi roncando como un armadillo al que se le había atragantado un trozo de estropajo.
El teléfono volvió a sonar.
Raoül al aparato.
_ Tienes que escucharme. Al principio solo eran probabilidades, pero con el tiempo conseguí aislar una variable, y después de eso establecí un patrón. Estoy a punto de crear un calendario. Uno bueno.
Empecé a preocuparme seriamente. En una ocasión Raoül se bajó un cuarto de absenta en compañía de unas tijeras. Un tipo de urgencias acabó con un tajo en el brazo. Al otro tuvimos que sujetarle antes de que el maldito olvidase su juramento hipocrático y acabase danzando por ahí con la cabeza de mi hermano clavada en un palo. Raoül decidió sobre la marcha que lo mejor era saltar por la ventana y caer sobre el coche nuevo de un idiota.
_ Esta bien. Tranquilízate. Empieza por el principio.
_ De eso quería hablarte. Pero es mejor que lo veas tu mismo. Debemos vernos inmediatamente.
_ Maldito loco. Hay menos de cinco grados ahí fuera. La maldita calle parece la maldita Siberia.
_ Eso que dices es interesante. Estuve allí hace un par de horas, ¿o fueron un par de décadas?
Deduje que Raoül debía de tener una bonita colección de botellas vacías rompiendo filas frente a su nariz.
Prosiguió.
_ Escucha, voy para allá.
_ Espera a mañana cojones. Espera a que haya un poco de luz maldita sea.
Demasiado tarde, colgó.
Hay tipos que sueñan con vivir en una isla. Otros añaden media docena de piernas largas al asunto, y los hay que se ven calzando unos zapatos blancos del 43 y aspirando el humo de un buen habano en la comodidad de su despacho. Yo también quería toda esa mierda, pero más que cualquier otra cosa en el mundo, lo que anhelaba de verdad era una jornada de sueño de más de cinco horas.

Pero aquello no iba a suceder, y mucho menos después de que mi hermano apareciese de repente en el dormitorio, con aquel extraño sombrero calado hasta las cejas y vistiendo una aparatosa gabardina de detective.
Estaba claro. El maldito loco había dado con algo realmente bueno. Raoül salía de la nada apenas unos segundos después de colgar el teléfono (aunque sospechaba que siempre había estado delante de mis narices), y lo hacía envuelto en un halo de luz magenta que iluminó toda la habitación hasta dejarme prácticamente ciego.
Teresa mientras tanto, se mantenía al margen a mi lado. El país de los sueños la tenía bien cogida por los pelos del coño.
_ Hola Loüis. Perdona que aparezca de esta manera
Confieso que el sobresalto hizo que me cagase encima. Un poquito de caca, nada grave. De alguna manera u otra mi hermano se había tele transportado del mismo modo en el que los maricas de Star Trek viajan de un lado a otro de la galaxia. Si esa mierda acababa a alcance de cualquiera ya podía prepararme. Media docena de tipos a los que debía dinero harían fila frente a la puerta de la habitación a primera hora dispuestos a cocerme bajo las sábanas.
_ ¡Jesús Raoül! ¡Qué diablos les pasa a las puertas y a los timbres, es que acaso ya no están de moda! – exclamé.
_ Pensé que aparecer de esta manera ahorraría muchas explicaciones.
_ Lo veo todo de color magenta.
_ Recobraras la vista en cuestión de minutos. Toma, ponte una de estas.
Me lanzó unas gafas oscuras de soldador. Me las puse y los colores del mundo bajaron de intensidad. Guardaba esas aparatosas gafas en algún lugar de su enorme gabardina. Sospeché que dentro guardaba aún más sorpresas.
_ Vas a necesitar un abrigo.
_ Raoül.
_ ¿Qué?
_ No pienso ir a ninguna maldita parte. Haz lo que tengas que hacer para salir de aquí sin provocar un incendio y llámame pasadas las cuatro de pasado mañana. En la cama hasta entonces.
_ Pero Loüis…
_ No hay peros que valgan. Largaos tu y ese ridículo sombrero.
Raoül llevaba una especie de bacinilla cubriéndole la calva. No había caído en ello, pero entre la delgadez, los andrajos y la escupidera, mi hermano guardaba cierto parecido con un tipo famoso de cuyo nombre no me acuerdo.
_ No se trata de un sombrero cualquiera.
Colocó sobre la colcha la lata de meados. Pensé en llamar a los loqueros. Si me daba prisa los de urgencias, aparecerían en cuestión de minutos. Conocían la dirección. Le debía un favor a un conductor de ambulancias. Se trataba de mi hermano si, pero quizás no disponía de mucho tiempo antes de que las cosas se torcieran. Unos minutos era demasiado tiempo.
_ Míralo bien Loüis, es el yelmo de membrillo, recién llegado de cierto lugar de la Mancha. Un viaje de más de cuatro siglos desde España hasta Hospitalet. Cortesía de un despistado Miguel de Cervantes.
Acerqué aquella cosa hasta verme reflejado en el metal dorado. Las gafas de soldador me daban cierto aire fanfarrón, como si me hubiese convertido el interno de un loquero, un interno divertido. Acerqué la nariz, y al hacerlo, la orina de Cervantes me golpeó en la cara. Reparé en Raoül. La sonrisa boba de la victoria le colgaba de las orejas como una hamaca.
Mierda.
Decidí salir de la cama y arrastrar a mi hermano hasta la cocina. Después volví a la habitación y agarré mis ropas, el sombrero español, y cerré la puerta con cuidado. Teresa seguía durmiendo. Ya podía regresar el gilipollas de Franco y ponerse a alicatar el baño, que ella seguiría amarrada a la almohada.

Raoül daba vueltas en la cocina. Era incapaz de tomar asiento. En algún otro lugar le esperaban todos los lugares, todas las épocas. Puse a hervir medio litro de agua. Ignoraba como sería su máquina del tiempo, pero estaba seguro de que necesitaríamos un buen termo.
Pero en que estaba pensando. Aquello no podía ser verdad. Nada de esa mierda sucedía. Mi subconsciente jugaba a los dardos con la materia gris de mi cerebro. En algún punto de la noche mis entrañas se habían colgado de un caballo fantástico. Cerré los ojos y traté de recordar la noche anterior. Contemplé la cena, los vasos vacíos, el cráter en el sofá, Teresa cerrando los ojos mientras su boca seguía en marcha. Volví a la cena. Un puré de patatas repleto de especias alucinantes. Veneno resistente al calor. Un caballo de Troya invadiéndolo todo en la noche. Y abrí los ojos de nuevo. Raoül observaba el reloj de su muñeca. Me lancé contra él.
_ ¿Pero qué demonios te ocurre? – exclamó.
Le agarré las manos antes de que la mierda magenta tiñese las paredes de la  cocina.
_ Estate quieto. No estoy preparado para los viajes en el tiempo. Necesito tostadas y huevos revueltos. Cordones para los zapatos y un paraguas para la lluvia. Necesito una pistola y un quilo de arroz.
_ Cálmate hermano. Solo quiero saber que hora es.
_ Mierda. Pensé que íbamos a dar un alto.
_ No hasta que no estés preparado. Además, aún no has elegido dónde ir.
_ ¿Qué quieres decir con eso?
_ Quiero decir que elijas un lugar. Piensa en algún jaleo en el que te hubiera gustado estar metido.
_ Me meto en follones todos los días.
_  Pues piensa en un follón en el que no hayas estado envuelto.
_  Debería consultar mis notas y hacer un apéndice      .
_ Entonces imagina algo más tranquilo. Puedo llevarte a ver dinosaurios. Podemos ir hasta allí en un santiamén. 160000 millones de años atrás. Olvídate del tráfico y del ruido del frigorífico.
_ Ni hablar. Acabaríamos engullidos por una planta carnívora o aplastados por una caca gigante.
_ ¿Qué me dices de Egipto?
_ Demasiado calor. Si los extraterrestres nos pillan fisgoneando nos meterán las pirámides por el culo.
_ ¿Roma?
_ Odio las películas de romanos. A Teresa le vuelven loca.
_ ¿China?
_ Demasiados chinos.
_ ¿Francia?
_ Francia para los gabachos.
_ Debe de haber algo, déjame pensar.
_ Es demasiado temprano para eso. Para cualquier cosa en realidad.
_ Podemos volver a Valladolid. Cervantes echará me menos su sombrero por las mañanas.
_ No quiero ir a Andalucía.
_ Valladolid esta en Castilla.
_ No hay nada en sur para mí.
_ Cielos Loüis. Miremos el mapa.
_ ¿Necesitaré mis gafas de soldador?
_ ¿Para ver el mapa?
_ No, para viajar en el tiempo.
_ Puedes quedártelas si quieres.
_ Gracias. Pensaba hacerlo.
Raoül sacó un puñado de papeles del bolsillo de su chaqueta. Formó con ellos un mapa que extendió sobre la mesa de la cocina. Varios lugares aparecían marcados con una equis roja. Otros estaban cercados por un redondel azul. Una serie de líneas negras cruzaban el planeta. Sin darme cuenta derramé un poco de café sobre la costa australiana. Raoül ni se inmutó. Tomaba notas en un bloc y computaba variables en una calculadora solar.
_ Bien. En primer lugar deberíamos ir un momento a 1865. Creo que eso debería ser lo primero. Antes de que sea demasiado tarde.
_ ¿Qué quieres decir exactamente con demasiado tarde? ¿Y qué se nos ha perdido en 1865?
_ Verás. Hace un par de días, y mientras le realizaba algunos ajustes a Caroline…
_ Espera un momento, me he perdido, ¿de quién me hablas? ¿quién coño es Caroline?
_ Es la máquina del tiempo que he inventado.
_ ¿Y se llama Caroline?
_ Si.
_ ¿Llamas Caroline a la máquina del tiempo?
_ Si.
_ Caroline.
_ Si.
_ Esta bien. Continúa.
_ Como te contaba. Pues hace un par de días calibraba el condensador demoscópico de Caroline, cuando encontré algunas variables que se salían del registro y que prácticamente, me llevaron de culo durante toda la tarde.
_ ¡Fascinante!
_ Si, si. Ya lo creo. Tuve que sacar el caparazón especular y colocarlo de nuevo antes de programar otra vez toda la concordancia astral.
_ No, si me refiero a la mancha sobre Australia. Fíjate bien, es clavaba a la tía Flora.
_ Esta bien. Mira, el caso es que debería acercarme un momento al 14 de abril de 1865 y devolverle esto a John Wilkes Booth.
Raoül sacó de su gabardina de las sorpresas una pistolita pequeña. Parecía el mini revólver de un pirata maricón. La misma que utilizaría un putilla del oeste para poner firme a un vaquero pesado.
_ ¿Quién coño es ese John Wilkes Booth?
_ John Wilkes Booth es el hombre que va a matar al presidente.
_ ¿Zp?
_ Louis, te hablo del presidente Lincoln.
_ Lincoln esta muerto. La diñó en el teatro. Se lo cargó un traficante de esclavos inglés. Vi la peli..
_ No digas bobadas. A Lincoln lo mató un actor llamado John Wilkes Booth con un Derringer. Y sucedió la noche del 14 de abril de 1865.
_ Demonios. Tenemos la pistola. Hemos salvado al presidente. ¿Por qué narices quieres estropearlo?
_ No lo entiendes Louis. No podemos cambiar el pasado. Todo lo que ha sucedido debe de suceder, de lo contrario nada sucederá como ha sucedido. Y si eso sucede, sucederá lo imprevisto.
_ ¿Quieres decir que debemos viajar en el tiempo y convertirnos en cómplices de un inglés esclavista actor de segunda devolviéndole su Derringer?
_ Más o menos.
_ Para perder la cabeza.
_ Solo son matemáticas. Algo de álgebra y…
_ Cállate. CÁLLATE. Cierra el maldito pico maldito loco. Necesito pensar ¿Y por qué coño mangaste la pipa de John Wilkes Booth? ¿Y el sombrero de Cervantes? Y es que… ¡no hay nada peor que un ludópata con una máquina del tiempo.
_ Tranquilízate Louis. Tómate un trago. Disponemos de seis horas. Si quieres podemos hacer algo de turismo por Washington. Bueno en realidad no. Deberíamos ser cautos y evitar en la medida de lo posible interactuar con los ciudadanos.
_ No me has contestado.
_ Es una larga historia.
_ Soy todo orejas.
_ Tomaré esa copa.
Saqué un par de vasos del fondo del fregadero y los aclaré con un chorro de agua. Después los coloqué sobre el Atlántico y preparé los tragos. Raoül me largó la historia de la pistola y del sombrero. Ambas eran absurdas y provocaban risas y dolor de cabeza. Izamos  cada uno un vaso y me comprometí a echarle una mano con los asuntos de Johnny Booth y Cervantes. Raoul se mostró eufórico y abrió su abrigo para mostrarme a Caroline. Cielo santo, pensé. Me preparé para cualquier cosa. Llevaba un rato convenciéndome a mi mismo de que todo aquello solo se trataba de un sueño. Un estúpido sueño producido por la comida picante y la falta de … sueño. Era más que probable que Teresa ya anduviese abriendo los ojos a mi lado, deshojando sus últimos ronquidos en los albores del nuevo día.
_ Esta bien. Agárramela con la mano.
_ ¿Es necesario?
_ Confía en mi.
Un halo magenta nos envolvió. Los cacharros de la cocina, la mesa, las sillas, las paredes, todas aquellas cosas comenzaron a difuminarse. Me coloqué las gafas de soldador y le pedí el Derringer a mi hermano.



6 comentarios:

Bravo! dijo...

Bravo!

David Cortijo dijo...

Admito dádivas.

Toma! dijo...

otro aplauso...
La dádiva..en el capítulo final! :P

hola dijo...

he encontrado más público...
pero no aplauden muy bien!

Anónimo dijo...

MÁS!!!!!!!!

teletransportacioooooon!!! dijo...

Eso MAS!!!!
Para cuando el segundo capitulo..?
DavidDumas!