lunes 16 de marzo de 2009

LA BARBA SE QUEDA

El jefe se acercó y me dijo que estaba hecho un asco. Era una mañana de lunes y la primavera se colaba por las rendijas del aire. En el espacio los astronautas flotaban a la deriva, y más arriba Dios miraba bajo las sábanas y exclamaba: Cielo santo, me dijiste diecinueve. Nadie sabía que se cocía en el infierno, pero pensar con claridad no era nuestro fuerte. Era una mañana de lunes y con eso ya era suficiente.
El tipo me miró fijamente y me obsequió con unas horas libres, sin paga, sin café o limonada. Me dijo: Vete a casa y tu mismo te obsequias con una suculenta afeitada. El negocio va mal cantó, y sólo me faltaban esas barbas espantándome a los clientes añadió. Menuda lumbrera pensé. El jefe lee los periódicos y mira el telediario. Después ensaya discursos frente al espejo del baño. Se rasca el culo y aparece un lunes frente a mis narices como un doberman extraviado.
Me sinceré con el hombre, al fin y al cabo él firmaba los cheques. Yo me limitaba a aparecer a la hora convenida y largarme más tarde sin hacer demasiado ruido.
Es cosa de mi chica le expliqué. A Roberta no le gustan los culos de bebé, y a la hora de la joda quiere un matorral fuerte que le marque el labio. Así que la barba se queda traté de explicarme encogiéndome de hombros.
El hombre arrancó la placa identificativa de la solapa de mi uniforme, con tal fuerza que hizo saltar algunos botones. Los mordiscos en el cuello se asomaron a la luz la luz del día y algo de carmín se desprendió del cuello de mi camisa.Estás jodido puntualizó.
Y que lo diga jefe. La barba se queda, finalicé.